MÉTODOS DE CONTROL DE PLAGAS

Introducción

Un sistema se define como un conjunto de componentes físicos, los cuales interactúan entre sí, comportándose como una unidad o un todo. Entre los elementos que se distinguen en un sistema se encuentran las entradas, salidas, los límites, componentes y la interacción entre todos los componentes. Cuando uno de los componentes se ve perturbado por algún agente de cualquier tipo, otros componentes son modificados. En un sistema agrícola, los componentes son las poblaciones que, en su totalidad, conforman la comunidad biótica y que, a su vez, pueden dividirse en sus conjuntos, que constituyen los denominados subsistemas del agroecosistema. Una comprensión en profundidad de la biología y la ecología de los organismos presentes se traduce en una habilidad para manipularlos y dirigirlos. El control tradicional se basa únicamente  en la supresión de la plaga en el momento en que alcanza unos niveles altos de población, lo que resulta insuficiente. Debe lograrse una comprensión de las estrategias de supervivencia de los organismos que llegan a amenazar el bienestar de los cultivos, lo que involucra el conocimiento de la plaga, así como sus interacciones con el ambiente, pudiendo diseñar y aplicar así una serie de procedimientos de manejo.

El término plaga hace referencia a toda aquella población que ataca a los cultivos establecidos por los seres humanos y cuyo nivel poblacional sube hasta producir una reducción o anulación completa del rendimiento, llegando a producir pérdidas económicas, es decir, independientemente de su naturaleza, una población alcanza el nivel de plaga en el momento en el cual su nivel poblacional alcanza unos valores en los que perjudica el cultivo, ocasionando así unas pérdidas económicas. Las poblaciones normalmente se encuentran en un equilibrio dinámico,lo que significa que fluctúan alrededor de un nivel poblacional promedio característico de la especie, el cual se conoce como “Posición General de Equilibrio” (PGE). Las enfermedades de las plantas surgen de una interacción de un patógeno con un huésped que es susceptible, siempre en un ambiente favorable. Además de estos tres factores, existe uno más que se debe tener en cuenta al hablar de control biológico, que son los organismos antagonistas. El  control del patógeno se puede llevar a cabo en diferentes momentos de su ciclo de vida, lo que hace que existen diversas estrategias, que pueden ir dirigidas a una eliminación o reducción del inóculo inicial o a la disminución del desarrollo de la enfermedad. La efectividad de las estrategias dependerá del tipo de patógeno (monocíclico o policíclico) y otros factores como su naturaleza (biótrofa o necrótrofa), es decir, resulta imprescindible tener un conocimiento de la biología y epidemiología del patógeno sobre el que se va a dirigir las técnicas de control.

Teniendo en cuenta el comportamiento e importancia de la plaga para el productor, se establece una clasificación entre plagas clave, ocasionales y secundarias. Las plagas clave son las de mayor importancia, puesto que causan grandes pérdidas, tanto en relación a la producción, como al coste de su manejo. En segundo lugar se encuentran las ocasionales, que pueden causar pérdidas importantes, pero su aparición se da solamente de manera ocasional. Por último, las plagas secundarias son aquellas que, aunque su presencia puede ser constante, las pérdidas asociadas a ellas no son significativas.

Dentro del control de plagas se distingue entre estrategias y tácticas de manejo:

  • Estrategias de control: divididas en prevención, supresión y erradicación. La prevención, como su propio nombre indica, se basa en mantener una plaga, de forma que no llegue a convertirse en un problema. La supresión consiste en la reducción del nivel de población de plaga, disminuyendo la posibilidad de que pueda producir un daño a los cultivos, evitando así pérdidas económicas para el productor. Por último, en la erradicación se termina por destruir completamente la plaga en el área de afectación.
  • Tácticas de manejo: métodos de implementación de acciones particulares, vinculadas con una estrategia concreta. Dentro del control cultural se agrupan las prácticas empleadas con el fin de crear unas condiciones desfavorables para el desarrollo de la plaga, resultando así beneficiosas para el cultivo. Entre este tipo de tácticas se encuentran la preparación del suelo, el ajuste de fechas de siembra y la rotación de cultivos. El control físico se refiere a las prácticas de destrucción manual de las plagas o de aquellas partes de la planta que se encuentren enfermas, para lo cual se requiere una numerosa mano de obra. Algunas de las prácticas relacionadas con este tipo de control son la recogida manual, las trampas mecánicas, las mallas o tejidos de distinto trenzado que impiden la entrada de insectos y las trampas adhesivas. En el control químico  se recurre al uso de plaguicidas, con el fin de reducir la población en un periodo corto de tiempo, garantizando así rapidez y efectividad.

Durante años, la lucha contra las plagas se ha basado casi exclusivamente en el empleo de productos químicos como métodos de control de acción rápida. Sin embargo, el principal problema de los mismos es que no son selectivos, lo que implica que además de a la plaga afectan a las poblaciones de insectos, que resultan beneficiosos para el ecosistema, como son los parasitoides y depredadores de esas poblaciones, además de los insectos polinizadores. Esto lleva a que en un primer momento el control resulta muy satisfactorio, pero con el paso del tiempo, en el momento que la plaga consigue recuperarse, los niveles de poblaciones que se alcanzan son muy superiores, debido a que han sido eliminados los organismos que podrían frenar su desarrollo, pudiendo reproducirse así sin ningún tipo de factor limitante para el crecimiento de la población. Puede darse además una situación en la cual otros insectos presentes en los cultivos de forma continua, que hasta el momento no habían supuesto ningún problema, se transformen en plagas al no tener enemigos naturales que limiten su reproducción. Asimismo, los insectos, hongos y bacterias logran alcanzar una resistencia a los pesticidas, reduciendo así las posibilidades de productos que podrían llegar a usarse en una situación crítica, lo cual lleva a una espiral que obliga a utilizar cada vez una mayor cantidad de insecticidas y fungicidas para controlar problemas que hasta el momento no habían requerido tales medidas. Todo ello implica una búsqueda de nuevas técnicas con las que lograr ese control, reduciendo, en la medida de lo posible, la aplicación de productos químicos.

Para conseguir un correcto control deben tenerse en cuenta determinados factores, de entre los cuales destaca fundamentalmente el suelo, que puede establecerse que actúa como un filtro biológico de plagas y enfermedades, característica poco estudiada hasta el momento. El suelo, entendido como una entidad viva, por tanto, realiza otras funciones, además de ser el soporte de las plantas y una fuente de alimento, sirviendo como filtro para una gran cantidad de insectos fitófagos, hongos, bacterias y virus patógenos, que ven considerablemente disminuidas sus poblaciones, debido a la actividad del propio suelo. Esto lleva a destacar la función de insectos, hongos y bacterias. En el caso de los insectos, para aquellas especies que en algún punto de su ciclo de vida, necesitan establecerse en el suelo, generalmente como pupa o huevo, sus poblaciones se ven considerablemente mermadas en aquellos suelos que mantienen una elevada actividad biológica, algo que no ocurre si los suelos se encuentran compactados o desestructurados. Este es el ejemplo de Ceratitis capitata, conocida también como mosca de la fruta o los trips, afectados por la acción depredadora de numerosos insectos presentes en el ecosistema del suelo, que depredan o trasladan las pupas o los huevos, viéndose afectados también por la actuación de microorganismos como hongos y bacterias, que contaminan las pupas o los huevos, impidiendo así su evolución a fases adultas.

Diversidad

Una de las mayores metas actualmente se centra en el estudio y comprensión sobre la importancia de la diversidad y las ventajas de la introducción de un mayor número de especies en los sistemas de cultivo, a partir de lo cual se consigue una incorporación de componentes capaces de aportar funcionalidad a los ecosistemas naturales. La biodiversidad implica que todos los ambientes poseen una riqueza de organismos, interpretados como sistemas en los cuales las especies pueden circular e interactuar. Aunque muchas de las actividades humanas no actúan irremediablemente contra la diversidad, si la reducen en la mayoría de los casos. Los índices de biodiversidad permiten escribir de una manera sintética la diversidad, siendo una herramienta útil en la evaluación , vigilancia y conservación de los ecosistemas. La medida más simple y más utilizada es el número de especies (riqueza), puesto que su significado se entiende sin mayor dificultad. La uniformidad hace referencia a la homogeneidad de la abundancia de las especies, sin tener en cuenta el número de especies. Para finalizar, los índices de diversidad son los que combinan la riqueza de especies y la uniformidad. Los monocultivos buscan exclusivamente la rentabilidad económica, para lo cual eliminan la competencia entre especies, lo que conlleva una reducción de la diversidad. La intensificación de la agricultura está relacionada por tanto, con una reducción y simplificación de los paisajes originales, que lleva a una reducción de las poblaciones de especies de invertebrados y vertebrados. Por este motivo, uno de los principales retos que se plantea de cara al futuro es el de conocer el patrón de distribución de las especies a lo largo de los agroecosistemas. En los últimos 30 años, siendo conscientes de esta situación, las políticas de la Unión Europea se han centrado en detener la grave pérdida de biodiversidad asociada a la intensificación y expansión de la agricultura. A continuación se presenta un cuadro resumen en el que se recogen diferentes métodos que pueden ponerse en marcha, con el fin de aumentar la diversidad.

Estrategias diseñadas por el agricultor

Actuaciones culturales Acciones, interacciones y cualidades generadas en el sistema agrícola

Agregar una especie al sistema de cultivos ya existente

Cultivos intercalados o en franjas, cercas vivas y vegetación amortiguadora

Intensificación y diversificación de cultivos en dimensiones de tiempo y espacio, que llevan a un aumento de la diversidad horizontal, vertical, estructural y funcional del sistema.

Reorganizar o reestructurar las especies que ya están  presentes

Rotaciones

Siembra de diferentes cultivos en sucesión, en secuencia recurrente e introducción de un periodo de descanso en el cual no es conveniente dejar la tierra completamente desnuda, evitando así la erosión del suelo.

Añadir prácticas o aplicar insumos estimuladores de la diversidad

Laboreo reducido y aportes de materia orgánica

Aumento de la diversidad a través del tiempo, así como de los fenómenos de antagonismo, ayudando al control de enfermedades y beneficiando el ciclo de los nutrientes.

Eliminar prácticas o insumos que reduzcan la diversidad

Reducción de la aplicación de insumos de tipo químico y disminución de prácticas degradadoras

Aumento de la diversificación de especies en el suelo en superficie, así como en el perfil cultural*, mejorando la fertilidad y frenando la erosión.


*El concepto “perfil cultural” hace referencia al conjunto compuesto por la sucesión de las capas de tierra individualizadas por la intervención de los implementos de labranza, el comportamiento de las raíces vegetales y la influencia de los factores naturales, como el clima. Nada tiene en común con el perfil edafológico, es decir, no pueden compararse, puesto que las informaciones obtenidas no son las mismas y sus finalidades también difieren. La observación de un perfil edafológico permite identificar los procesos de formación del suelo, a partir de la roca madre, mediante una serie de factores. El perfil cultural toma en cuenta una acción humana directa, finalizada, limitada en el tiempo y, en muchas ocasiones, repetida, a partir de la cual se elaboran diagnósticos y pronósticos del sistema suelo-planta.

Métodos de control

  • Medios físicos

Dentro de estos tipos de control se distinguen diferentes técnicas a seguir entre las cuales se encuentran la recogida manual de los insectos, para su posterior destrucción; la destrucción de la madera o restos de poda con fuego o triturado y enterrado; trampas adhesivas, que a su vez pueden combinarse con plantas cromáticas, capaces de atraer a los insectos con mayor facilidad gracias a sus tonos llamativos; la disposición de mallas o tejidos, cuyo trenzado varía en función de las necesidades del agricultor, capaz de impedir la entrada de insectos tanto a semilleros, como invernaderos y cultivos al aire libre, teniendo siempre en cuenta que debe garantizarse la ventilación; trampas con atrayentes alimenticios como proteína hidrolizada; y, por último, trampas de agua, que se usan en la captura de pulgones, que se ven atraídos por la coloración del fondo del recipiente, fundamentalmente cuando es de color amarillo. En estas últimas es posible aplicar algún tipo de detergente que ayude a que los insectos se hundan y no puedan volver a salir volando.

  • Medios biotecnológicos

Se distingue entre captura masiva, confusión sexual y quimioesterilización. En la captura masiva, mediante el empleo de feromonas, se logra la captura de los machos, impidiendo así que los insectos puedan reproducirse, haciendo que los niveles de población vayan disminuyendo paulatinamente. Esta técnica es de utilidad en aquellas fincas con gran extensión, puesto que de no ser así se corre el riesgo de que hembras fecundadas lleguen desde áreas colindantes, haciendo que este método no resulte efectivo. La confusión sexual, al igual que la captura masiva, se basa en el uso de feromonas, aunque en esta se intenta crear en el ambiente una intensa carga de feromona, mediante la implementación de una serie de difusores, evitando que los machos localicen a las hembras. Por último, la quimioesterilización, utilizada en Ceratitis capitata, se logra la disminución de las poblaciones mediante la instalación de trampas en las que se coloca una papilla fagoestimulanda impregnada en Lufenuron. La esterilidad que produce se llega a transmitir entre las moscas, a pesar de lo cual no llega a tener impacto alguno sobre la fauna auxiliar.

  • Medios biológicos

Directamente relacionados con la diversidad, es decir, con la fauna auxiliar del ecosistema y pueden distinguirse tres formas de aprovechamiento de la misma que son el control biológico por introducción, aumento y conservación. La primera de ellas, como su propio nombre indica hace referencia se refiere a la liberación en el ecosistema de enemigos naturales de la plaga que afecta a los cultivos. Esta técnica se emplea en aquellos lugares donde la enfermedad se produce por una plaga de tipo exótica, para la cual no existen enemigos naturales en la zona. El aumento consiste en la cría masiva y liberación periódica de depredadores y parasitoides, tanto exóticos como nativos, los cuales llegarán a multiplicarse durante la estación de crecimiento de cultivo, pero muy probablemente no se convertirán en una parte fundamental del ecosistema agrícola, lo que hace que su liberación deba ser constante en el tiempo. Por último, el control biológico por conservación consiste en manipular o no el sistema, de manera que se favorezca la permanencia de los depredadores naturales, incrementando su supervivencia y reproducción, aumentando así su impacto sobre la plaga. El uso de bandas florales y cubiertas vegetales garantiza este mantenimiento de las poblaciones beneficiosas. Referido a este tema podéis encontrar una publicación en el blog, con el nombre de fauna auxiliar.

  • Medios químicos

En el mercado actualmente existe una gran variedad de productos químicos, cada uno de los cuales se emplea en una plaga concreta. Los compuestos químicos utilizados en la protección de los cultivos se conocen comúnmente con el nombre de pesticidas o plaguicidas. Su uso debe ser controlado, evitando así que pueda tener un impacto negativo en el ecosistema, como se ha explicado previamente en el apartado correspondiente a la introducción.

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