CULTIVOS RENTABLES Y EN ALZA: LÚPULO

El lúpulo es uno de los ingredientes principales de la cerveza, constituyendo el elemento que le confiere el aroma y, fundamentalmente, su sabor amargo característico, aunque cada una de las diferentes variedades aporta unos elementos distintivos, actuando como contrapeso frente a dulzor de la malta de cebada. Asimismo, hace que la espuma de la cerveza sea mucho más estable, mejora la conservación y le confiere determinadas propiedades. De sus flores provenientes de las plantas femeninas, que se reúnen en racimos compuestos por escamas, en forma de cono, tras un proceso de secado, es de donde se obtiene la lupulina, una sustancia de color ámbar. Su uso quedó recogido en lo que se conoce como Ley de la Pureza, decretada en el año 1516 por Guillermo IV de Baviera, donde se especificaba que la cerveza únicamente podía elaborarse a partir de tres ingredientes, que son agua, cebada malteada y lúpulo. Actualmente su cultivo en España no llega a cubrir la demanda nacional, lo que lleva a que gran parte de los productores nacionales tengan que importar hasta incluso un 50% del total de esta materia prima anualmente. Su producción se concentra en Castilla y León, Cataluña, La Rioja y Galicia.

  • Características generales

El lúpulo (Humulus lupulus) es una especie trepadora vivaz, es decir, que durante el invierno sus tallos y hojas se secan para posteriormente volver a brotar en primavera, que forma parte de la familia de las cannabáceas y puede alcanzar los 12 m de altura en estado salvaje. En agricultura su crecimiento debe limitarse con el fin de asegurar la correcta realización de las diversas tareas, como es el caso de la recolección, los métodos de control de las diferentes plagas y enfermedad y la poda. Anualmente brota a partir de un rizoma leñoso que se encuentra enterrado en el suelo. Su vida media es de entre 12 y 15 años, aunque existen referencias sobre plantaciones que han superado los 25 años, con un nivel de producción mantenido en el tiempo. Aunque desde el primer año se llega a obtener producción,  no es hasta el tercero cuando se alcanzan los niveles más altos. A pesar de ser una planta trepadora, no presenta zarcillos, ni ningún otro apéndice para este propósito, sirviéndose para ello de robustos tallos que poseen rígidos tricomas, con los que pueden fijarse al soporte correspondiente. Como consecuencia de ello, en los cultivos agrícolas resulta imprescindible la disposición de un sistema de emparrado o entutorado, garantizando de esa forma el desarrollo vertical. Es una tarea que requiere un cierto grado de destreza y conocimiento, dado que de ello dependerá el correcto crecimiento de las plantas. Lo que se hace es seleccionar de entre todos los brotes únicamente aquellos de desarrollo intermedio, eliminando el resto. Esta elección se debe a que de escoger los más vigorosos puede existir una fuerte competencia entre ellos por los recursos, mientras que los más pequeños es posible que no tengan suficiente vigor para alcanzar la alambrada. Las diferentes variedades pueden clasificarse en amargas, aromáticas y mixtas, dependiendo de las características que aportan. En los últimos años se han llevado a cabo diferentes estudios con marcadores moleculares, tratando de determinar cuales son las variedades concretas que mejores propiedades tienen en relación con la producción de cerveza y con una mayor resistencia frente a las enfermedades.

El sistema radicular es ramificado y profundo, colonizando el suelo hasta los 2-3 m de profundidad,con dos partes claramente diferenciadas, que son la parte pivotante, localizada en la zona superior, donde se asientan las yemas o brotes en dormición; y la profunda, compuesta por el resto de raíces verticales, que es la responsable del desarrollo de la raíz y en la cual se almacenan los nutrientes. Las raíces laterales pueden alejarse aproximadamente unos 2 m del eje central de la planta.

Sus hojas, con entre 3 y 5 lóbulos ovales y dentadas son opuestas. En el haz su textura es más áspera, mientras que en el envés se localizan una serie de glándulas resinosas.

Se trata de una especie dioica, lo que significa que las flores masculinas y femeninas se desarrollan en plantas separadas. Las flores masculinas se agrupan en panículas y en las anteras tienen un surco, donde se encuentran las glándulas de resinas. Las flores femeninas se presentan alrededor de un eje central (raquis), que con el paso del tiempo se engrosa, produciéndose el estróbilo (cono), que es la forma con la que se comercializa la planta. Desde el punto de vista de la producción agrícola se prioriza el cultivo de pies femeninos, puesto que de ellos se obtienen las inflorescencias donde se encuentra la lupulina. Los pies masculinos se disponen con el fin de favorecer la polinización, que es de tipo anemófila (viento), empleándose también en estudios de investigación y mejora de variedades. La lupulina es una mezcla de resina formada por α y β ácidos, aceites esenciales volátiles y polifenoles. De todos ellos, los α ácidos son los responsables del sabor amargo de la cerveza y están compuestos por tres moléculas, conocidas con el nombre de humulonas, de las cuales la de mayor importancia es la cohumulona. Asimismo, poseen propiedades tensioactivas, lo que estabiliza la espuma de la cerveza. La recogida de las inflorescencias se lleva a cabo en verano, cuando la concentración de lupulina en las glándulas alcanza unos niveles óptimos.

  • Condiciones del medio

Primeramente es importante destacar la necesidad de un periodo de dormición invernal, durante el cual desaparecen los brotes aéreos y las partes más finas del sistema radicular, manteniéndose bajo tierra como una estructura de resistencia, hasta que las condiciones climatológicas inducen el inicio de la actividad vegetativa, que coincide con el final del invierno. Aunque esta etapa en parte está relacionada con el descenso de las temperaturas desde el final del otoño, el principal factor que se asocia a ello es la duración del día o lo que es lo mismo, la disminución de las horas de luz. En cuanto a las temperaturas cabe mencionar que se trata de una especie con una alta resistencia frente a las bajas temperaturas, que pueden alcanzar los -20 ºC sin que la planta llegue a dañarse, siempre y cuando no se den durante las etapas más críticas del desarrollo. Prefiere climas frescos y húmedos con veranos templados, cuyas temperaturas se encuentren entre los 16 y 18ºC.

El viento es también otro de los factores más relevantes, ya que durante la primavera puede romper la punta de los tallos, reduciendo el crecimiento vertical y en verano lleva a un secado de la planta, pudiendo incluso hacer caer la estructura. Con el fin de evitar estas consecuencias, en zonas con vientos fuertes y frecuentes pueden establecerse setos en los alrededores, manteniendo el cultivo más protegido.

Al contrario de lo que sucede con otros cultivos mencionados anteriormente como el aguacate, que requiere una exposición completa al sol, el lúpulo puede adaptarse a zonas más soleadas o sombreadas, indistintamente, sin que esto lleve a cambios drásticos en los niveles de producción.

Puede admitir prácticamente todo tipo de suelos, aunque crece de manera más óptima en aquellas zonas con suelos arenosos, francos o franco-arcillosos, excluyendo aquellos con una elevada concentración de arcillas, puesto que están asociados con una alta compactación, que puede dificultar el crecimiento en longitud y profundidad de las raíces. Asimismo debe evitarse un asentamiento en suelos con una alta impermeabilidad que favorezcan situaciones de encharcamiento y asfixia radicular, frente a lo cual no presenta una gran resistencia. En definitiva, debe garantizarse un buen drenaje. Los niveles de pH más adecuados se establecen entre 6,0 y 6,5 o lo que es lo mismo, suelos neutros o ligeramente ácidos.

  • Manejo

Un punto clave para asegurar el correcto desarrollo de las plantas es el mantenimiento de unos niveles de humedad que puedan suplir las necesidades hídricas, sin comprometer el crecimiento. Dado que es imprescindible evitar un encharcamiento continuo del suelo para evitar que las raíces se asfixien, así como un aumento de la incidencia de determinadas patologías, los sistemas de riego más recomendados son el riego por goteo o microaspersión, que permiten un ahorro del agua, al ser utilizada de una forma más eficaz. Asimismo, disminuyen la aparición de especies adventicias en las calles entre árboles, al tratarse de un riego localizado. Durante el primer año el riego es prácticamente inexistente, ya que se intenta favorecer el desarrollo del sistema radicular, evitando siempre situaciones de estrés hídrico graves mediante la aplicación de riegos puntuales cuando sea imprescindible. A partir del segundo año es cuando el riesgo se realiza mucho más asiduamente, generalmente cuando alcanzan la alambrada superior del sistema de entutorado. La cantidad de agua a aportar se basa en la meteorología y la textura del suelo.

Una vez decidido el modelo que se va a implementar debe diseñarse el marco de plantación, punto determinante, ya que su influencia será decisiva en el correcto desarrollo de los árboles. El marco de plantación más habitual es de 3-3,20 m entre líneas, manteniendo una distancia entre plantas de la misma línea entre 1,10 y 1,50 m. Con ello, la densidad por ha de un cultivo con estas características sería de 2.211 plantas. Estas separaciones pueden reducirse, siempre y cuando no se comprometa en ningún momento el desarrollo de las plantas al entrar en competencia con otras por los recursos.

  • Poda

Un primer proceso de poda se lleva a cabo al inicio del ciclo del cultivo, cuando se observan los brotes iniciales, momento en el que se deja al descubierto la planta, para posteriormente cortar los brotes y volver a taparla con tierra, con la ayuda de una aporcadora. El objetivo de esta técnica es la de retrasar el cultivo el tiempo suficiente como para que no se vea afectada por las bajas temperaturas y las heladas, además de conseguir un desarrollo vegetativo mucho más uniforme.

Posteriormente, a lo largo del desarrollo de la planta, se procederá a realizar una poda en la que se retiran las partes aéreas secas, como consecuencia del proceso de dormición invernal, dejando un brote de aproximadamente unos 15 cm, que con la llegada de la primavera rebrota. Suele tener lugar durante el mes de marzo.

  • Plagas y enfermedades

Araña roja (Tetranychus urticae): ácaro cuyo nombre se debe a que tiende a confundirse con arañas, como consecuencia de su capacidad para tejer telarañas, aunque morfológicamente no tiene prácticamente ninguna semejanza, ya que a simple vista se puede observar como unos pequeños puntos de color rojizo en la superficie de las hojas o los tallos. Estas “telarañas” son hilos de seda que utilizan como refugio frente a depredadores, sirviéndoles además como mecanismo para mantener una humedad estable. Tiende a aparecer cuando las temperaturas son elevadas, por lo que el mes de mayor riesgo es agosto. Durante el verano se encuentra en sus primeras fases de desarrollo, que son larva, protoninfa y deutoninfa y su coloración es marrón verdosa, con dos manchas oscuras en los laterales. A medida que se acerca el invierno, con el paso al estadio adulto, su coloración se vuelve rojiza, lo que justifica el nombre común. Vive agrupada en colonias situadas en el envés de las hojas. Sus ataques suelen hallarse en focos muy bien delimitados. En las hojas dañadas aparecen pequeños puntos de colores claros y abombamientos, que poco a poco se van extendiendo desde los nervios hasta el borde, pudiendo desencadenar también bruscas defoliaciones. En las inflorescencias comienzan a observarse pequeñas manchas marrones, que seguidamente dan paso a una decoloración intensa.

Pulgón (Phorodon humuli): áfido cuyos daños se pueden clasificar en directos e indirectos. Los primeros son aquellos producidos por la propia plaga (absorción de savia e inyección de saliva), mientras que los segundos hacen referencia a la aparición de fumagina, así como a la transmisión de enfermedades, como las virosis. La fumagina o negrilla crece sobre la melaza que desprende el pulgón. La unión de la infección por pulgones y la fumagina puede tener como resultado final una reducción del valor del cultivo, llegando en determinados casos muy extremos a una pérdida total del mismo. Se trata de una especie con ciclo dioico, lo que significa que precisa un hospedador primario y otro secundario. El hospedador primario suele pertenecer al género Prunus, siendo el más común el ciruelo, donde se inicia el ciclo anual, que comienza con las fundadoras que emergen de los huevos de invierno. El lúpulo es el hospedador secundario, tanto en estado silvestre, como cultivado, en el cual no llega a producir formas aladas que puedan reinfestar otras plantas, es decir, que el nivel de infestación viene determinado exclusivamente por el comportamiento de vuelo desde los Prunus spp. Los síntomas aparecen asociados a la absorción de la savia de las partes verdes de la planta, principalmente en la base de las brácteas y las partes superiores de las flores. El cono se va atrofiando paulatinamente hasta volverse marrón. El ataque se distingue con facilidad debido al brillo de las melazas sobre las hojas.

Mildiu (Pseudoperonospora humuli): especie de hongo patógeno oomiceto, de gran relevancia, puesto que bajo condiciones climáticas favorables puede llevar asociada una serie de pérdidas importantes respecto a la producción. Los meses de mayo y junio constituyen la época de mayor vulnerabilidad del cultivo, puesto que es cuando las temperaturas son más idóneas para que se dé el desarrollo de esta patología. Su identificación es relativamente compleja, ya que las rayas de color marrón-rojizo que aparecen en el tejido de la raíz y la corona pueden confundirse con el tejido rojizo característico del lúpulo. Puede afectar tanto a las partes aéreas como a los órganos subterráneos. La infección primaria se da en los brotes de la corona, cuyas hojas poseen un color verde-amarillento, entrenudos cortos y un crecimiento deficiente en comparación con otras partes de la planta. Desde estas zonas se produce la infección secundaria que afecta a otros brotes y ramas, aunque en estas partes es posible que los síntomas no sean tan visibles. A medida que transcurre el tiempo las ramas van quedando huecas, secándose paulatinamente, para finalmente necrosarse por completo. Las inflorescencias de igual manera se secan y presentan un color marrón, pudiendo incluso caerse, comprometiendo así los niveles de producción.

Oídio (Podosphaera macularis): conocido también con el nombre de blanquilla o cenicilla, debido a los síntomas que caracterizan su aparición. Se trata de una enfermedad criptogámica, es decir, una enfermedad producida por un hongo u otro organismo filamentoso parásito. Aparece en épocas en las que las temperaturas son moderadas, superiores a 22 ºC con unos niveles de humedad relativa elevados. Esto implica que los puntos de mayor riesgo son los meses de verano tras la aplicación del riego o en los días de tormenta. En invierno se localizan en el suelo y los restos de cultivos en forma de esporas sexuales o como micelio en los brotes. Cuando las temperaturas superan los 10 ºC es el momento en que se liberan las esporas y comienza la infección primaria. El síntoma más común son unas pequeñas manchas blanquecinas circulares, cubiertas por un polvo plateado, que aparecen en hojas, brotes, tallos y conos, a medida que la patología se va diseminando por la estructura de la planta, dando un aspecto harinoso o algodonoso, formado por el micelio y los conidios. Es en el punto en el cual alcanza la flor femenina cuando las pérdidas de rendimiento pueden ser muy graves.

Verticilosis (Verticillium dahliae): enfermedad provocada por la acción del hongo patógeno que le da nombre, que lleva a una decoloración y enrollado en las hojas. Puede llegar a causar la muerte de la planta, ya que van secando sus ramas progresivamente. Su transmisión puede darse entre plantas de la misma especie o por el contagio a través de un huésped, como pueden ser especies adventicias y otras especies cultivadas en zonas colindantes. El hongo infecta a través de las raíces, aprovechando lesiones sobre su superficie producida por labores realizadas por el agricultor o por acción de otros seres vivos, como insectos o nematodos. Una vez ha alcanzado el interior, el micelio del hongo se extiende, con relativa rapidez, a través del sistema vascular, produciendo una reacción a las sustancias viscosas producidas por el patógeno, las cuales taponan los vasos conductores.
Escoba de bruja (Fusarium decemcellulare): se trata de un hongo patógeno, que provoca una enfermedad de gran importancia económica, cuya incidencia es mayor durante los meses de mayor pluviometría, momento a partir del cual la patología se hace más evidente. Se produce en pequeñas colonias en tallos muertos y ramas y su dispersión se ve favorecida por la acción de diferentes especies de insectos, el aire y el agua. Los síntomas se aprecian, fundamentalmente, en los nuevos brotes, en los cuales se da una reducción marcada de la longitud de los entrenudos y en el área foliar. Al no poder expandirse los brotes generan una serie de deformidades, dando un aspecto de escoba, lo que le da nombre a esta patología. Se manifiesta también con la proliferación de ramas, entrenudos cortos, hojas cortas, escamosas y anormales, relacionadas con una pérdida de la dominancia apical. Las plantas de vivero, por norma general, son más vulnerables a esta malformación vegetativa que los árboles más desarrollados. Es posible que se dé también una malformación floral. Durante el invierno las agallas se necrosan y se desintegran. Asimismo, en períodos de sequía el progreso de la enfermedad es mucho más lento.

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