CULTIVOS RENTABLES Y EN ALZA: AGUACATE

El aguacate es uno de los productos más demandados en el mercado actualmente, a nivel mundial, con un aumento de la demanda en países como Estados Unidades del 443 %. Tal es su éxito que ha llegado a conocerse con el nombre de oro verde, debido a su elevado precio, que ha alcanzado cifras récord en los últimos años. Sin embargo, este aumento ha llevado también asociados una serie de inconvenientes, ya que el cultivo del aguacate requiere grandes cantidades de agua para su desarrollo óptimo, por lo que en zonas donde el nivel de precipitaciones no supla las necesidades hídricas de la planta deberá recurrirse a sistemas de riego muy abundantes, poniendo en riesgo las fuentes naturales de agua, fundamentalmente en aquellos lugares en los que sea un recurso muy limitado. Es decir, es un cultivo que debe establecerse garantizando siempre sin comprometer el medio ambiente.

  • Características generales

Aunque la clasificación taxonómica del aguacatero ha sido discutida durante un largo periodo de tiempo, puesto que se llegaron a diferenciar hasta tres especies diferentes, finalmente se estableció que es trataba de una única, que es Persea americana Mill. El aguacatero es el único representante, dentro de la familia de las lauráceas con una gran importancia, en relación a las frutas comestibles. Se trata de una especie de porte arbóreo, que puede llegar a alcanzar los 20 metros de altura, aunque generalmente se mantiene entre los 8 y los 12 metros. En las plantaciones comerciales la tendencia es no dejarlos crecer por encima de los 5 metros, facilitando así las diferentes tareas a desempeñar como la recolección, la poda o el control de plagas y enfermedades.

El desarrollo del sistema radical del árbol depende del suelo sobre el que se encuentre, de su textura y estructura y de otros factores como la profundidad efectiva del suelo, así como de la facilidad para conseguir agua, es decir, que pueda presentar diversas formas. En zonas donde crece de manera salvaje, se ha encontrado un sistema de tipo pivotante, con raíces a más de 2 metros de profundidad. Sin embargo, en los sistemas de cultivo, las raíces son, por norma general, más superficiales, por tanto, la raíz principal es más corta y débil, tal y como ocurre en todas aquellas especies que se desarrollan en ambientes con una alta disponibilidad de agua, de forma continuada, a lo largo del periodo vegetativo. Presenta un patrón de crecimiento horizontal, concentrado en los primeros 50 centímetros de profundidad en el suelo. Asimismo, las raíces no poseen pelos absorbentes, motivo por el cual la absorción del agua y los nutrientes se lleva a cabo a través de los tejidos primarios que se localizan en las puntas de las raíces. Debido a ello es una especie muy susceptible al encharcamiento, siendo necesario garantizar en todo momento un buen drenaje. Un encharcamiento prolongado del suelo se traduce además en una mayor vulnerabilidad al ataque de los hongos.

Respecto al tallo cabe mencionar que, al igual que ocurre con el resto de especies de la misma familia, tiene un tallo cilíndrico grueso, acanalado verticalmente o lo que es lo mismo, con grietas verticales. Los árboles que han crecido en la naturaleza de manera espontánea, presentan un tallo erecto central, claramente definido, del que parten las ramificaciones laterales, de distribución alterna. En los cultivos, los árboles poseen ramificaciones desde las partes más bajas, lo que provoca una pérdida del eje central del árbol.

Puede realizarse una clasificación entre yemas apicales y axilares, de las cuales destacan, fundamentalmente, las primeras, puesto que son las encargadas del crecimiento, desarrollo y producción del aguacate, aunque bajo determinadas condiciones, las yemas axilares, latentes hasta ese momento, se activan dando lugar a una nueva rama lateral. Las yemas reproductivas o florales son las que conformarán las inflorescencias.

La coloración de las hojas varía, no solamente en función de la variedad, sino también del estado de desarrollo de la misma. Esto implica que los colores rojizos característicos de las primeras fases, van cambiando con el paso del tiempo hasta el verde oscuro.

Las flores son hermafroditas, presentan dicogamia, es decir, que en una misma flor se encuentran los órganos femeninos y masculinos. Para evitar que pueda darse una autofecundación, los órganos son funcionales a distintos tiempos.

  • Condiciones del medio

El aguacate es un cultivo altamente heliófilo, lo que implica que precisa una plena exposición a la luz solar para asegurar unos altos niveles de producción en los cultivos. Aunque este factor resulta clave, las temperaturas no deben situarse, en ningún caso, por encima de los 36 ºC, ya que a partir de ese punto los daños pueden ser considerables, sobre todo en la fecundación y el cuajado del fruto. Asimismo, se trata de una especie con una baja tolerancia a las heladas, a pesar de lo cual durante el invierno requiere un periodo de frío, con temperaturas en torno a los 10 ºC, con el fin de estimular la inducción floral. En climas en los que en primavera y verano las temperaturas no sean excesivamente elevadas puede alargarse la fase de fructificación, extendiendo así el periodo de recolección. En definitiva, las condiciones ideales se establecen en unas temperaturas medias anuales entre los 14 y los 24 ºC, con temperaturas durante el día entre los 20 y 30 ºC y nocturnas entre 10 y 20 ºC.

Se requiere además una pluviometría de 1000 a 2000 milímetros, distribuidos adecuadamente a lo largo del año, precisando un sistema de regadío en caso de no cumplir con este requisito para cubrir las necesidades hídricas. Una sequía prolongada provoca la caída de las hojas, disminuyendo la tasa fotosintética y reduciendo el rendimiento. A pesar de ello, el encharcamiento prolongado, tal y como se ha mencionado anteriormente, puede tener también graves consecuencias. 

Se trata de una especie muy sensible al viento, que causa daños importantes, llegando a darse caída de ramas, flores y frutos, además de lesiones por rozamiento entre frutos y ramas. Por tanto, la finca de cultivo debe encontrarse resguardada o de no ser así se hace imprescindible la disposición de cortavientos.

Los suelos más óptimos para el cultivo del aguacate son aquellos que presentan un buen drenaje, evitando la acumulación de agua en la zona de las raíces, es decir, puede adaptarse a una amplia gama de suelos. Aún así son preferibles los que tengan una textura media, como los franco arenosos, entre otros. La capacidad de drenaje de un suelo está relacionada con su estructura y el contenido en materia orgánica, que asegura una porosidad o las proporciones adecuadas de oxígeno y agua. Si quieres saber más sobre la importancia del mantenimiento de una buena estructura en el suelo échale un vistazo a esta publicación.

  • Manejo

Al contrario de lo que ocurría con los cultivos, previamente descritos en las anteriores publicaciones de la serie “cultivos rentables y en alza”, el pistacho y el almendro, en el caso del aguacatero resulta muy complejo poder recurrir a un sistema de secano o de riego deficitario, a menos que los niveles de precipitaciones puedan asegurar un mantenimiento continuo de la humedad que requiere la planta para su desarrollo óptimo, asociados también con un clima de temperaturas dentro del rango ideal de esta especie. Esto quiere decir, que en la totalidad de la geografía española será necesario implementar un sistema de regadío, ya que las zonas con temperaturas más elevadas, que pueden cumplir con ese requisito son lugares con unos niveles de pluviometría bajos, que no podrán suplir las necesidades hídricas de la planta. Dado que es necesario evitar un encharcamiento continuo del suelo los sistemas de riego más recomendados son el riego por goteo o microaspersión, que permiten un ahorro del agua al ser utilizada de una manera más eficaz. Además disminuyen la aparición de especies adventicias al ser un riego localizado.

Una vez decidido el modelo que se va a implementar (regadío) debe diseñarse el marco de plantación, punto determinante, ya que tendrá una gran influencia en el correcto desarrollo de los árboles. En sudamérica, el marco tradicional de plantación es de 8 x 8 metros, 8 x 10 metros e incluso 10 x 10 metros. Esta amplitud se debe a que no se mantiene un eje central del que parten las ramificaciones, sino que, mediante la poda, mantienen diferentes ejes laterales, que se hacen crecer horizontalmente, lo que hace necesario que exista una gran distancia entre los distintos árboles. Sin embargo, en cultivos más intensivos se pueden reducir las distancias a 6 x 4 metros, pudiendo reducirse hasta 5 x 2 metros, sin comprometer los niveles de producción.

  • Poda

La poda se efectúa con dos objetivos principales, que son el mantenimiento de un desarrollo armónico y bien equilibrado de la copa, que asegura una incidencia uniforme de la luz solar en todas las partes; y la garantía de un equilibrio entre los niveles de producción y el desarrollo correcto del resto del árbol, así como en relación a la calidad de los frutos. En este cultivo puede hacerse una clasificación entre tres tipos de poda que son, la poda de formación, la de producción y la de rejuvenecimiento. La poda de formación es aquella que se realiza en las primeras fases de crecimiento, determinando la forma que se desea que mantenga el árbol, es decir, ayuda a definir la estructura final del mismo. La de producción busca conseguir una mejora, como su propio nombre indica, sobre los niveles de producción, mediante la eliminación de las ramas viejas, dañadas o que no están siendo suficientemente productivas, favoreciendo que sean sustituidas por otras más jóvenes. Por último, la poda de rejuvenecimiento en la que se recorta la mayor parte del árbol, ya sea por la afectación de la mayor parte de las estructuras por alguna patología o por el envejecimiento. No es conveniente llevarla a cabo de manera drástica, puesto que esto podría producir estrés en el árbol.

  • Plagas y enfermedades

Araña cristalina (Oligonychus perseae): ácaro que constituye una de las plagas de mayor importancia en el cultivo del aguacate. Los adultos, de un color amarillo verdoso, presentan un cuerpo de forma ovalada y abdomen terminado en punta, mientras que los huevos tienen una forma esférica y el color es un amarillo más pálido. Es posible hacer una distinción entre cinco estadios de desarrollo que son huevo, larva, protoninfa, deutoninfa y adulto, cada uno de los cuales puede ser que encontrado simultáneamente en un mismo nido. La duración de su ciclo, desde la fase de huevo hasta el adulto varía en base a la temperatura. El proceso de alimentación lo llevan a cabo en colonias o nidos, es decir, protegidas bajo una densa tela de araña, dispuesta en las zonas cercanas al nervio central y los secundarios del envés de las hojas. Debido a ello, se forman una serie de decoloraciones, de color pardos y forma circular, que pueden llegar a observarse en el haz si fuesen muy severas. Éstas hojas terminarán por caerse, dejando al descubierto los frutos, provocando un aumento del riesgo de que se produzcan quemaduras por la continua exposición al sol.

Cochinilla piriforme (Protopulvinaria pyriformis): especie de homóptero, fácilmente reconocible gracias a la apariencia característica de los adultos, semejante a un escudo plano, de forma acorazonada, con tonos pardos en su superficie, con algún matiz violeta. Bajo el escudo se encuentran unas secreciones céreas, donde se disponen los huevos, elípticos y de color amarillo. Aunque por su aspecto parezca imposible, en todos sus estadios, tiene cierta movilidad. En primavera es cuando la hembra deposita los huevos bajo su propio escudo, sin necesidad de que un macho llegue a fecundarla. De ellos emergen las ninfas, que tras dos días aproximadamente, salen al exterior, fijándose en el envés de las hojas, en zonas cercanas al nervio central. Transcurrido un periodo de tiempo, las ninfas se transforman en adultos. Se da un debilitamiento general de la planta debido a la succión de savia. La secreción de melaza favorece la llegada del hongo negrilla a la superficie de la hoja, provocando una disminución de la tasa fotosintética.

Cochinilla del aguacate (Nipaecoccus nipae): pseudocóccido polífago, con dimorfismo sexual, cuyas hembras presentan una forma ovalada y alargada, con tonalidades rosáceas o granate, con una serie de conos cerosos, de color blanquecino, en su superficie, que le dan un aspecto muy curioso. Debido a la presencia de estas protuberancias en su superficie, se conoce también con el hombre de chinche harinosa. Los machos tienen una forma más oblonga y su tamaño es menor que el de las hembras. Lleva a un debilitamiento de la planta, aparición de fumagina (negrilla), tanto en las hojas como en los frutos, pudiendo llegar incluso a provocar la muerte del árbol en aquellas plantas más jóvenes, de manera más puntual. La presencia de melaza genera además una atracción a las hormigas, que facilitan la dispersión de la plaga, impidiendo también la acción de los enemigos naturales, es decir, dificultando la erradicación de la misma.

Cochinilla de la nieve (Aulacaspis tubercularis): hemíptero, que debe su nombre a la coloración blanquecina que presentan las colonias de machos. De este dato se puede deducir que existe un marcado dimorfismo sexual, de manera que el escudo de los machos es mucho más alargado y posee unas hendiduras, dispuestas longitudinalmente, blancas y paralelas al cuerpo. La hembra, por el contrario, es de forma circular y tiene un escudo plano, de color blanquecino, que le cubre la totalidad del cuerpo. Además, las hembras no se encuentran agrupadas, sino que están dispersas por las hojas y los frutos. Se concentran fundamentalmente en las hojas más viejas, sobre todo en aquellas localizadas en puntos más sombreados del árbol. Se da un amarillamiento de las hojas, en las cuales se produce la muerte de las zonas afectadas, pudiendo llegar a darse la caída prematura de las hojas, si el ataque fuese de gran intensidad. En los frutos provoca unas decoloraciones de las zonas atacadas, lo que lleva a unas alteraciones en el proceso de maduración, así como a una depreciación de su valor comercial.

Trips (Heliothrips haemorrhoidalis): insectos pertenecientes al orden Thysanoptera, de pequeño tamaño, que en estado adulto presentan tonalidades con cambios en el abdomen, de amarillo a finalmente negro y rara vez llevan a cabo un vuelo, motivo por el cual se establece que son lentos en todas sus etapas. La presencia de trips, por norma general, se asocia con la brotación vegetativa, la floración y el amarre de los frutos. Asimismo, su dinámica poblacional se ve influenciada por el clima, las prácticas de manejo y los cultivos que puedan encontrarse en las zonas colindantes. Durante la época invernal, esta especie se mantiene en forma de huevo, del cual emergerá una larva, aproximadamente a principios de febrero. Estos huevos se encuentran dispuestos de forma individual tanto en el haz, como en el envés de las hojas o insertados en el fruto. Los daños producidos por esta plaga se observan en el follaje, donde comienzan a aparecer una serie de decoloraciones a lo largo del nervio principal de las hojas. Posteriormente sufren clorosis, acompañada de cicatrices quebradizas. En los tallos más tiernos el daño se relaciona con un alargamiento y deformación de los mismos. Si el ataque se produce durante la floración, se ocasiona el aborto de las flores, que lleva a una disminución de los niveles de producción. Los daños en el fruto afectan únicamente a su calidad estética.

Tristeza del aguacatero (Phytophthora spp.): género que abarca a diferentes especies, todas ellas oomicetos, que producen un marchitamiento, pudiendo mantenerse en el suelo en el transcurso de varios años,en ausencia de un huésped, sobretodo en las capas más superficiales, en sustratos orgánicos como restos vegetales y humus. Los factores que más favorecen su desarrollo son las altas temperaturas y un exceso de agua. En invierno se localiza en las raíces, tubérculos y bulbos infectados o en el suelo, en diferentes formas. Su transmisión se da por el viento y la lluvia, lo que causa su caída hacia el suelo, donde se extiende. Penetra en el huésped a partir de heridas superficiales desprotegidas o aberturas naturales. Los síntomas se concentran en el cuello y las raíces principales, que se van pudriendo y la corteza se va deshidratando, tomando así una coloración oscura. La enfermedad avanza con relativa facilidad y los árboles que la sufren presentan debilitamiento generalizado, caída de hojas, marchitamiento, frutos de poco calibre y mala maduración, colapso e incluso la muerte. Todos estos síntomas dependen de la severidad y el nivel de afectación.

Verticilosis (Verticillium sp.): enfermedad provocada por la acción del hongo patógeno que le da nombre, que lleva a una decoloración y enrollado en las hojas. Puede llegar a causar la muerte del árbol, ya que van secando sus ramas progresivamente. Su transmisión puede darse entre árboles de la misma especie o por el contagio a través de un huésped, como pueden ser especies adventicias y otras especies cultivadas en zonas colindantes. El hongo infecta al árbol a través de las raíces, aprovechando lesiones sobre su superficie producida por labores realizadas por el agricultor o por acción de otros seres vivos, como insectos o nematodos. Una vez ha alcanzado el interior, el micelio del hongo se extiende, con relativa rapidez, a través del sistema vascular, produciendo una reacción a las sustancias viscosas producidas por el patógeno, las cuales taponan los vasos conductores.

Roña (Sphaceloma perseae): hongo patógeno de colonias variables, de blanco grisáceo a gris, las cuales se oscurecen con el paso del tiempo. Ataca mayoritariamente al fruto, hojas y a las ramas más jóvenes del árbol. En los frutos aparecen una serie de lesiones pardas, de un aspecto semejante al corcho, las cuales pueden terminar por unirse, cubriendo la totalidad del fruto. La entrada del hongo en el fruto se produce asociado al ataque de insectos, roedores o por golpes, aunque generalmente los daños se dan únicamente en la superficie del mismo, es decir, en el pericarpio y no en la pulpa. En las hojas, aparecen manchas individuales claramente definidas, que pueden llevar incluso a malformaciones en las hojas, cuando el ataque es muy severo. En las ramas aparecen lesiones alargadas y ligeramente prominentes. Requiere unas condiciones de alta humedad relativa, además de elevadas temperaturas, para que pueda darse un desarrollo adecuado.

Necrosis apical (familia Botryosphaeriaceae): agrupa numerosas especies de hongos ascomicetos, las cuales presentan semejanzas a nivel morfológico, por cual únicamente pueden diferenciarse aplicando técnicas de biología molecular. Los síntomas más significativos de esta patología son la muerte descendente o necrosis descendente de las ramas y el chancro de las ramas. En los primeros las ramas se necrosan desde el ápice y poco a poco la necrosis va avanzando en sentido descendente, provocando que las hojas y las inflorescencias terminen por secarse. En los chancros aparece una exudación, que termina por convertirse en un polvo entre blanquecino y amarillento, unido todo ello a una corteza agrietada, que puede presentar también color oscuro e incluso hundirse. Por último, cabría destacar la pudrición del fruto, que no comienza a distinguirse hasta después de la recolección, es decir, cuando los frutos comienzan a madurar durante la post cosecha. En ocasiones los árboles pueden mantenerse asintomáticos durante largos periodos de tiempo, sin que aparezcan los síntomas característicos de esta patología.

Agalla o tumor del cuello (Agrobacterium tumefaciens): proteobacteria, denominada también Rhizobium radiobacter, que desencadena la formación de tumores conocidos como agallas, los cuales crecen fundamentalmente en la zona de unión entre las raíces y el tallo, es decir, en el cuello. El patógeno alcanza las heridas pequeñas a través de las que se introduce, guiándose por los fenoles que la planta expulsa. Puede sobrevivir en el suelo como organismo saprófito durante años, alimentándose de diferentes materiales en descomposición. En el otoño y el invierno cesa su actividad, reanudándola cuando las condiciones son más favorables. La sintomatología propia de esta enfermedad lleva a que pueda confundirse con daños por enfermedades radiculares producidas por hongos, como Armillaria mellea o debido a deficiencias nutricionales. Los únicos síntomas externos que pueden observarse se dan alrededor del cuello. El debilitamiento progresivo del árbol se relaciona con la dificultad de circulación de la savia, que puede incluso llegar a causar la muerte de la planta. Las pérdidas más importantes se dan en los viveros, puesto que las plantas jóvenes son mucho más vulnerables.

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