CULTIVOS RENTABLES Y EN ALZA: ARÁNDANO

A pesar de que los frutos silvestres siempre han sido apreciados por el hombre, no ha sido hasta los últimos años, cuando ha comenzado de nuevo a despertarse el interés sobre estos productos, debido a su origen natural. Sin embargo, con el fin de hacer frente a la creciente demanda del mercado se han comenzado a establecer cultivos, aumentando así los niveles de producción, hasta ahora obtenidos únicamente de plantas silvestres. Estados Unidos constituye el país productor, consumidor, exportador e importador, junto con Canadá, aunque en este último la producción es mayoritariamente de tipo silvestre. Entre ambos llegan a abarcar el 90% del área productiva total. España es uno de los principales países productores europeos. Al igual que como en el resto de cultivos explicados previamente, es necesario tener en cuenta que el mercado sufre fluctuaciones con el tiempo. En este caso, la elevada rentabilidad de este cultivo se garantiza a corto plazo, puesto que actualmente se encuentra de moda, pero esta situación podría llegar a sufrir cambios.

  • Características generales

Los arándanos son los frutos obtenidos de una serie de plantas de porte arbustivo y rara vez arbóreo, las cuales se agrupan dentro del género Vaccinium. Se puede hacer una clasificación entre aquellas especies cuyo aprovechamiento de los frutos es en estado silvestre y las especies más explotadas agronómicamente. Entre las primeras se encuentran V. myrtillus (arándano europeo), V. macrocarpon (arándano rojo americano) y V. angustifolium (arándano bajo), mientras que en el segundo grupo destacan V. corymbosum (arándano azul) y V. ashei (arándano ojo de conejo). Existen especies de arándano rojo que forman parte del subgénero Oxycoccus, cuya clasificación taxonómica está en discusión, debido a que ciertos botánicos consideran que se trata de un género independiente, como es el caso del arándano rojo americano (V. macrocarpon), cuyas propiedades en relación al tratamiento y prevención de infecciones del tracto urinario están siendo muy estudiadas actualmente. 

Esta publicación se encuentra dedicada a aquellas con interés agrícola, es decir, las pertenecientes al segundo grupo. El arándano azul (V. corymbosum), es originario de América del Norte y este de Canadá, aunque se encuentra naturalizado en otras regiones a lo largo del globo. Como su propio nombre indica (highbush), se trata de una especie de gran tamaño, que puede alcanzar los 2,5 m de altura, aunque, por norma general, se recomienda que no sobrepase los 2 m, facilitando así las tareas a desempeñar, como la recolección, los métodos de control de las diferentes plagas y patologías que pueden afectar al cultivo y la poda. V. ashei es una especie originaria del sureste de los Estados Unidos, cuya altura puede sobrepasar incluso los 4 m, que se limita en agricultura, al no resultar práctico. A pesar de que existen determinadas diferencias botánicas entre las dos especies, sobre todo en lo respectivo al hábitat. Respecto a su morfología son muy semejantes, por lo que para este apartado de descripción morfológica general se hará referencia a las características de V. corymbosum.

El sistema radical es superficial, lo que significa que, aproximadamente, el 80% de las raíces se encuentran distribuidas en los primeros 40 cm del suelo. Uno de los aspectos más característicos de las raíces, finas y fibrosas, es que carecen de pelos absorbentes, lo cual dificulta la absorción de agua, que en momentos de escasez puede poner en jaque el desarrollo óptimo de la planta. A pesar de ello, es necesario tener en cuenta que presentan una gran vulnerabilidad frente al encharcamiento, relacionado con la asfixia radicular. Entre las raíces y la parte aérea, se localiza la corona, encargada de emitir brotes que garantizan la renovación de la parte aérea de manera continua. Resulta muy común encontrar las plantas micorrizadas, es decir, conformando asociaciones mutualistas con ciertos hongos del suelo.

El número de yemas florales que pueden encontrarse en una misma rama depende del grosor de la misma, el cultivar, las técnicas de cultivo y la influencia de los reguladores encargados del crecimiento. Las flores, que pueden clasificarse en axilares o terminales, permanecen agrupadas en racimos.

El fruto es una falsa baya esférica cuyo contenido en semillas varía según el tamaño del mismo. A medida que va avanzando el proceso de maduración su color va sufriendo cambios y la epidermis se encuentra cubierta por unas secreciones cerosas. A nivel comercial existen dos características de gran valor que son la cicatriz que queda en la parte superior cuando se separa del pedúnculo, que debe tener un tamaño pequeño y estar seca, dificultando la entrada de patógenos; y la firmeza.

  • Condiciones del medio

Existen una serie de criterios que determinan la elección de la variedad a la hora de comenzar un nuevo cultivo, que son las condiciones climáticas, la época de maduración, el destino de la fruta, la resistencia de los frutos a la manipulación, el tipo de recolección y la resistencia a plagas y enfermedades, entre otros. De todos ellos, el de mayor importancia está relacionado con las condiciones climáticas, concretamente con el requerimiento en horas de frío, de forma que las plantas deben someterse a unas bajas temperaturas durante un cierto periodo de tiempo para romper la época de reposo, cuya duración depende de la variedad. V. corymbosum es considerada como una especie con altos requerimientos en horas de frío, pudiendo tolerar inviernos extremos. Como consecuencia de ello, tiene una floración y maduración de los frutos muy concentrada. V. ashei presenta unos requerimientos más bajos, es decir, es más adecuada para aquellas regiones con inviernos más suaves y veranos más largos, que pueden ser o no más calurosos. Existen también variedades que no requieren un número determinado de horas de frío.

Como se ha descrito con anterioridad, las características del sistema radicular hacen que sea muy vulnerable tanto a los procesos de sequía como al encharcamiento. La situación óptima para su desarrollo es que continuamente se mantenga un cierto grado de humedad en los primeros centímetros del suelo, que no llegue a ocupar la totalidad de los poros para garantizar la entrada de oxígeno. De darse un déficit hídrico en momentos clave, la productividad puede verse gravemente afectada. Asimismo, precipitaciones por encima de los 75 mm durante la época de floración pueden provocar una caída masiva en el número de yemas cuajadas.

Uno de los factores a tener más en cuenta es el viento, que tiene como resultado la caída de los frutos y la aparición de arañazos en su superficie, que disminuyen su calidad comercial, pudiendo perjudicar también el crecimiento de las plantas de menor tamaño.

En relación al suelo, posee una serie de requerimientos más específicos que otros cultivos de frutales, algunos de ellos muy determinantes como ocurre con el pH. A partir de unos valores de pH por encima de 5,8, los niveles de producción se ven muy comprometidos, encontrándose el valor ideal entre 4,5 y 5,5. Puesto que las raíces son poco profundas y se requiere una retención de la humedad a la vez que un buen drenaje, con una muy buena oxigenación, se establece que se precisan suelos con textura muy ligera, es decir, de tipo arenoso o franco-arenoso. El contenido en limos debe ser bajo y el porcentaje de arcillas debe estar siempre por debajo del 20%. Requiere además unos altos niveles de materia orgánica.

  • Manejo

La elección del sistema a implantar (regadío o secano) depende del balance hídrico de las plantas, que está relacionado a su vez con factores como el clima, la temperatura del aire, la insolación, la humedad relativa, la edad de la planta y el tipo de suelo, entre otros. En definitiva, en caso de que la planta demande más agua de la que puede encontrar en el suelo debe establecerse un sistema de riego. Dado que es imprescindible evitar un encharcamiento continuo del suelo para evitar que las raíces se asfixien, así como un aumento de la incidencia de determinadas patologías, los sistemas de riego más recomendados son el riego por goteo o microaspersión, que permiten un ahorro del agua, al ser utilizada de una forma más eficaz. Asimismo, disminuyen la aparición de especies adventicias en las calles entre plantas, al tratarse de un riego localizado. Las aplicaciones de riego deben efectuarse, por tanto, de manera que los primeros 15-30 cm del suelo se mantengan siempre con un cierto grado de humedad, donde se encuentran la mayor parte de las raíces. En momentos críticos como el engrosamiento y la maduración en plantaciones adultas y el inicio de la inducción floral o formación de yemas de flores la sequía puede tener graves consecuencias.

Una vez decidido el modelo que se va a implementar debe diseñarse el marco de plantación, punto determinante, ya que tendrá una gran influencia en el correcto desarrollo de las plantas. En fincas de pequeño tamaño donde no sea imprescindible el uso de maquinaria agrícola el marco puede ser de 0,60-1 m entre plantas y 2-2,5 m entre calles. En el caso de cultivos con una extensión mayor el espacio entre calles debe ser de por lo menos 3-3,5 m. Estas separaciones pueden reducirse, siempre y cuando no se comprometa en ningún momento el desarrollo de la planta al entrar en competencia con otro por los recursos.

  • Poda

La poda se lleva a cabo con dos objetivos principales, que son el mantenimiento de un desarrollo armónico y bien equilibrado de la copa, que asegura una incidencia uniforme de la luz solar en todas las partes; y la garantía de un equilibrio entre los niveles de producción y el desarrollo correcto del resto del árbol, así como en relación a la calidad de los frutos. En este cultivo puede hacerse una clasificación entre poda de formación, de fructificación y en verde. La poda de formación es aquella que se realiza en las primeras fases de crecimiento, determinando la forma que se desea que mantenga la planta, es decir, ayuda a definir la estructura final del mismo. Se busca además fomentar el crecimiento del sistema radicular, equilibrando así el crecimiento de su parte aérea, eliminando para ello las flores que la planta desarrolla ya en el vivero. El arándano tiene la particularidad de parar el crecimiento de las raíces durante el proceso de floración, motivo por el cual es imprescindible esta poda para asegurar el desarrollo del sistema radicular en las primeras etapas. A partir del tercer año de plantación comienza a realizarse la poda de fructificación o de producción que busca, como su propio nombre indica, una mejora sobre los niveles de producción, mediante la eliminación de las ramas viejas, dañadas o que no están siendo suficientemente productivas, favoreciendo que sean sustituidas por otras más jóvenes. Por último, la poda en verde, que se lleva a cabo a lo largo de todo el periodo de desarrollo vegetativo con diferentes finalidades, como controlar el tamaño de los brotes vigorosos o regular el excesivo número de yemas de flor más o menos avanzadas e incluso frutos de poco diámetro.

  • Plagas y enfermedades

Cacoecia (Cacoecimorpha pronubana Húber): especie de lepidóptero, altamente polífaga, cuyos adultos presentan unas alas de color marrón rojizo, con una serie de manchas más oscuras que conforman una V cuando se encuentran plegadas. Existe un dimorfismo sexual, puesto que las hembras son de mayor tamaño y su coloración tiene tonalidades más claras. Asimismo, las hembras tienen una capacidad de vuelo limitada, cubriendo distancias muy pequeñas, al contrario que los machos, que son buenos voladores y permanecen activos durante el día. Los huevos, de color verdoso y forma ovalada quedan dispuestos concentrados. Anualmente pueden darse entre 2 y 6 generaciones. Las larvas de color verde grisáceo y pináculos amarillentos son las que producen los daños en las plantas. Ocasionan distorsiones foliares y disminución del follaje, lo que lleva a una disminución de la tasa fotosintética, afectando así al crecimiento y desarrollo normal del cultivo. Las flores y frutos también pueden verse afectados, aunque en menor medida. Los restos de hilos de seda que quedan de los refugios y los excrementos o exuvias abandonadas tras la muda provocan una depreciación de la calidad comercial de los frutos. 

Cochinillas (Aspidiotus sp., Planococcus citri, Coccus hesperidium, Pulvinaria sp., Lepidosaphes ulmi y Icerya purchasi): hemípteros, que en su forma adulta presentan un característico caparazón que les sirve como mecanismo de protección y que recibe el nombre de escudo. Por norma general presentan una movilidad bastante reducida sobre el cultivo, aunque algunos estadios juveniles poseen patas con las que pueden trasladarse a diferentes partes de la planta. Durante el invierno buscan refugio en el suelo para, en la primavera, volver hacia las ramas y las hojas. Dado que se trata de insectos picadores, se alimentan de la savia que succionan a distintos niveles. Pueden causar amarillamiento de las hojas y caída prematura de los frutos. Secretan melaza que favorece los ataques de negrilla, que forma una capa de color negro en las hojas, semejante al hollín, que impide la incidencia del sol, reduciendo así la actividad fotosintética.

Gorgojo del suelo (género Otiorhynchus): género que abarca diferentes especies de coleópteros, que en estadio larvario atacan a las raíces y el cuello de las plantas, sobre todo aquellas poco desarrolladas. De todas ellas destaca fundamentalmente Brachyrhinus sulcatus F. Los adultos presentan escamas de color marrón oscuro y gris en su superficie, mientras que las larvas son de color blanquecino, con la cabeza marrón. La forma de las larvas es muy característica, ya que se encuentran curvadas formando una C. Inicialmente se encuentran en las raíces, durante los estadios más tempranos para seguidamente pasar a las hojas, donde se alimentan mordisqueando los bordes. Es en las hojas donde se produce la puesta de los huevos, iniciando así un nuevo ciclo.

Prodiplosis (Prodiplosis vaccinii Felt.): insecto díptero cuyas larvas en las primeras etapas tienen una coloración blanquecina, que poco a poco va transformándose a tonalidades más anaranjadas y amarillentas, justo antes de la emergencia del adulto. Durante estas primeras etapas se encuentran localizadas en el interior de los brotes vegetativos, donde se alimentan. Como consecuencia de ello se da un ennegrecimiento y muerte de los ápices en los brotes más jóvenes. Si la infestación alcanza niveles muy altos puede llegar a producirse un daño en las yemas de flor cerradas, provocando una merma de frutos, con pérdidas económicas asociadas. También es posible observar distorsiones foliares en hojas jóvenes. En ocasiones es posible confundir los síntomas de esta plaga con los provocados por falta de riego o ataques de hongos. La presencia del insecto adulto se ha llegado a detectar desde finales de la primavera hasta finales del verano.

Pulgones (Myzus persicae Sulzer y Aphis gossypii Glover): clasificados como una de las principales plagas, puesto que llegan a afectar a una gran diversidad de cultivos. En cuanto a su morfología se establece que es muy poco variada. aunque tienen coloraciones más diversas, sobretodo amarillentas, verdosas y negras. Aunque su nombre común sea semejante al de las pulgas no tienen ningún tipo de relación a nivel taxonómico. En el caso del arándano, ocasionan diferentes daños, ya que por una parte se trata de insectos chupadores, es decir, que son capaces de extraer los nutrientes de la planta; y por otro, pueden alterar el balance existente entre las hormonas de crecimiento. Todo ello tiene como resultado un debilitamiento completo de la planta, lo que lleva asociado una reducción en los niveles de producción final. Asimismo, uno de los problemas principales que presentan es que actúan como vectores en la transmisión de diferentes patologías causadas por virus. Estas enfermedades producen una serie de cambios tanto a nivel fisiológico como bioquímico en la planta.

Antracnosis (Colletotrichum sp.): hongo patógeno, que puede afectar a ramas, hojas, flores y frutos. Los daños más graves se dan en los frutos, llegando incluso a inducir su caída, formando manchas oscuras de aspecto irregular en su superficie, que pueden unirse formando una sola para cubriendo la totalidad de los mismos. Aparecen también unas esporas de color anaranjado alrededor de las mismas. Es posible que lleguen a darse infecciones latentes en frutas maduras, que se manifiestan durante el almacenamiento, aunque la infección ocurre durante la floración. En las hojas aparecen manchas con forma ovalada o irregulares de colores pardos, localizadas en el ápice, borde o centro. Con el paso del tiempo éstas pueden aumentar de tamaño, dando lugar a áreas necrosadas alargadas. En el caso de las ramas comienzan a observarse áreas necróticas en el ápice de los brotes jóvenes, que terminan secándose. Es posible que las plantas lleguen a secarse por completo. Por último en las flores se manifiesta por medio de manchas oscuras que se van agrandando, pudiendo ocasionar finalmente un secado y caída.

Monilia (Monilia sp.): se trata de una de las enfermedades más comunes en el arándano, producida por un hongo patógeno, que puede desencadenar pérdidas graves en la cosecha, que pueden llegar incluso al 100%, dependiendo de la variedad, es decir, que tiene ocasiona pérdidas económicas muy importantes. Afecta a brotes, hojas, flores y frutos y su infección puede mantenerse incluso hasta la cosecha del siguiente año. Los primeros síntomas se pueden visualizar en las hojas, que se marchitan. Las nuevas que comienzan a brotar lo hacen con un tono rosado que va cambiando hacia tonos marrones. En casos de infecciones muy severas las hojas y brotes desarrollados se caen durante la primavera. En los frutos los daños no llegan a apreciarse con claridad hasta la madurez, momento en el que adquieren un color crema o rosado, pudiendo tornarse a tonos más rojizos o marrones. Pueden hincharse también, para posteriormente arrugarse y caer al suelo.

Fitóftora (Phytophthora spp.): género que abarca a diferentes especies, todas ellas oomicetos, que producen un marchitamiento, pudiendo mantenerse en el suelo en el transcurso de varios años,en ausencia de un huésped, sobretodo en las capas más superficiales, en sustratos orgánicos como restos vegetales y humus. Los factores que más favorecen su desarrollo son las altas temperaturas y un exceso de agua. En invierno se localiza en las raíces, tubérculos y bulbos infectados o en el suelo, en diferentes formas. Su transmisión se da por el viento y la lluvia, lo que causa su caída hacia el suelo, donde se extiende. Penetra en el huésped a partir de heridas superficiales desprotegidas o aberturas naturales. La pudrición de la raíz que causa puede provocar la muerte súbita de la planta o, por el contrario, puede manifestarse como una enfermedad progresiva y lenta en la que se da un débil crecimiento, además de un amarillamiento de la superficie foliar, pudiendo aparecer incluso necrosis en el borde de las hojas y caída de aquellas situadas en las zonas basales.

Alternaria (Alternaria sp.): hongo ascomiceto clasificado como una de las causas principales de la pudrición de los arándanos en agricultura. Durante el invierno se encuentra como micelio y esporas tanto en los frutos como en los brotes secos de la campaña anterior o en restos de plantas. Las infecciones, al contrario de lo que ocurre con otras patologías, pueden producirse en cualquier momento entre finales de la floración y la maduración de los frutos y comienzan a través de la cicatriz de los frutos, permaneciendo latente hasta que la fruta alcanza su grado de madurez, motivo por el cual es posible que los síntomas no lleguen a observarse en la finca, desarrollándose durante el almacenamiento tras la cosecha. Se transmite a través del viento. Al contrario de lo que ocurre en la antracnosis, las lesiones hundidas e infectadas aparecen cubiertas de una masa de esporas de color verde oscuro. En las hojas pueden aparecer pequeñas manchas de color pardo, cuyo avance produce que la lámina foliar se vaya necrosando paulatinamente.

Septoria (Septoria sp.): hongo patógeno, cuya infección y desarrollo de la enfermedad se inicia durante períodos de humedad relativa alta y temperaturas entre los 20 y 25 ºC, momento en el cual los conidios brotan de los picnidios. Posteriormente su propagación se da a través del viento, salpicaduras causadas por la lluvia o el agua de riego. La ropa y herramientas de los trabajadores también son un posible vector de transmisión. Los primeros síntomas que aparecen lo hacen en las hojas, tanto en el haz como en el envés, donde causa manchas circulares de diámetro variable de color claro en el interior con bordes marrón rojizos, que portan las estructuras esporulativas (picnidios). Posteriormente avanza hacia las ramas más jóvenes donde se visualizan lesiones hundidas también circulares y del mismo color. Puede darse incluso una defoliación total de la planta. Durante las épocas donde las condiciones no son las más adecuadas para su desarrollo se mantiene sobre restos de hojas infectadas y en las lesiones de los tallos.

Podredumbre gris o botritis (Botrytis cinerea): especie de hongo cuya mayor incidencia se da durante la primavera, coincidiendo con un aumento de las precipitaciones y una elevación de las temperaturas. En caso de que las condiciones no sean las óptimas para su desarrollo se mantiene en forma de esclerocios en los restos de la poda. Durante el invierno puede sobrevivir como saprófito sobre la superficie del suelo o materia orgánica muerta. Su transmisión se da a través del agua y el viento durante la floración y en épocas cercanas a la cosecha. Por este motivo puede establecerse que afecta sobre todo a los racimos florales y los frutos, que cubre con unas masas densas de polvo grisáceo proveniente de las esporas, dándoles un aspecto como si estuviesen momificados. Normalmente las partes viejas de la planta no se suelen ver afectadas. Los síntomas se manifiestan con un marchitamiento de las terminaciones de los brotes más jóvenes, que adquieren una coloración oscura, que puede alcanzar incluso la totalidad de la rama. Las flores afectadas permanecen largo tiempo en la planta.

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