FAUNA AUXILIAR

Introducción

Las enfermedades de las plantas surgen de una interacción de un patógeno con un huésped que es susceptible, siempre en un ambiente favorable. Además de estos tres factores, existe uno más que se debe tener en cuenta al hablar de control biológico, que son los organismos antagonistas. El  control del patógeno se puede llevar a cabo en diferentes momentos de su ciclo de vida, lo que hace que existen diversas estrategias, que pueden ir dirigidas a una eliminación o reducción del inóculo inicial o a la disminución del desarrollo de la enfermedad. La efectividad de las estrategias dependerá del tipo de patógeno (monocíclico o policíclico) y otros factores como su naturaleza (biotrofa o necrotrofa), es decir, resulta imprescindible tener un conocimiento de la biología y epidemiología del patógeno sobre el que se va a dirigir las técnicas de control.  

Durante años, el control de las enfermedades se ha basado únicamente en la aplicación de productos de control químico, de bajo coste en relación a los beneficios obtenidos y de gran disponibilidad, además de fácil aplicación, características que les garantizaron un gran auge durante las décadas de los 60 y 70. Sin embargo, a medida que ha ido avanzando el tiempo se ha visto que el uso indiscriminado de estos productos trae asociados muchos problemas. Se puede afirmar que en la naturaleza, el control entendido como una reducción de la incidencia o severidad de una enfermedad, se da de forma natural a través de un equilibrio en el que el control es la regla y la enfermedad la excepción. Este equilibrio se pierde como consecuencia de las prácticas agrícolas, a lo cual la naturaleza reacciona tratando de volver a conseguir el equilibrio perdido mediante la aparición de plagas y otros patógenos de manera explosiva. Es entonces cuando se aplican insecticidas y fungicidas sobre estos organismos, provocando una rotura aún mayor del equilibrio, puesto que además de las plagas se eliminan los enemigos naturales. Esta situación se conoce con el nombre de “espiral de veneno”, con graves consecuencias en la producción de parcelas agrícolas, asociado también con elevados costes y contaminación de los recursos naturales.

Durante los últimos 50 años se ha producido un considerable incremento de la extensión de las zonas agrícolas, lo que se ha traducido en un incremento de la presión de las plagas como consecuencia de una reducción del control biológico, debido a una disminución de las poblaciones de enemigos naturales, así como por el aumento de la cantidad de fuentes de alimento disponibles para las plagas. Esto implica que el incremento de las actividades relacionadas con la agricultura, como el empleo de plaguicidas y herbicidas y las prácticas mecánicas agresivas, implican una severa amenaza para el mantenimiento de la biodiversidad en los ecosistemas de todo el mundo. 

La biodiversidad implica que todos los ambientes poseen una riqueza de organismos, interpretados como sistemas en los cuales las especies pueden circular e interactuar. Aunque muchas de las actividades humanas no actúan irremediablemente contra la diversidad, si la reducen en la mayoría de los casos. Los índices de biodiversidad permiten escribir de una manera sintética la diversidad, siendo una herramienta útil en la evaluación , vigilancia y conservación de los ecosistemas. La medida más simple y más utilizada es el número de especies (riqueza), puesto que su significado se entiende sin mayor dificultad. La uniformidad hace referencia a la homogeneidad de la abundancia de las especies, sin tener en cuenta el número de especies. Para finalizar, los índices de diversidad son los que combinan la riqueza de especies y la uniformidad. 

Los monocultivos buscan exclusivamente la rentabilidad económica, para lo cual eliminan la competencia entre especies, lo que conlleva una reducción de la diversidad. La intensificación de la agricultura está relacionada por tanto, con una reducción y simplificación de los paisajes originales, que lleva a una reducción de las poblaciones de especies de invertebrados y vertebrados. Por este motivo, uno de los principales retos que se plantea de cara al futuro es el de conocer el patrón de distribución de las especies a lo largo de los agroecosistemas. 

En los últimos 30 años, siendo conscientes de esta situación, las políticas de la Unión Europea se han centrado en detener la grave pérdida de biodiversidad asociada a la intensificación y expansión de la agricultura.

La agricultura no tiene que ser necesariamente una actividad impactante sobre el medio ambiente, sino que pueden diseñarse o mantenerse sistemas agrarios con capacidad de autorregulación, que eviten la contaminación y degradación del ambiente, a la vez que se obtienen productos de calidad. La agricultura ecológica es una de las claves, puesto que se ha llegado a demostrar la existencia de una mayor riqueza de aves, artrópodos y plantas en los cultivos que se encuentran bajo un manejo ecológico, sobretodo si se realiza la comparativa con aquellos bajo manejo convencional. Está asociada, aunque no siempre, a la realización de técnicas con un menor impacto sobre el paisaje, un menor labrado, un mantenimiento de setos naturales y una mayor cantidad de vegetación natural o semi-natural. Todo ello contribuye al mantenimiento de niveles mayores de biodiversidad. Las infraestructuras ecológicas incluyen áreas no cultivadas, que constituyen elementos fundamentales, puesto que tienen un papel importante en el mantenimiento y atracción de poblaciones de artrópodos, mejorando su abundancia y diversidad. Estas infraestructuras incluyen también elementos como setos, cubiertas vegetales y bandas florales, que sirven como recursos alternativos para los artrópodos, además de como hábitats de hibernación, aunque en un primer momento se creía, erróneamente,  que podían competir con los cultivos por los recursos y servir como refugio para plagas y otros patógenos de las plantas.

El control natural de las plagas es un servicio del ecosistema, que sirve de apoyo en la producción de cultivo a través de la acción de depredadores y parasitoides. La abundancia y diversidad de estos enemigos naturales está estrictamente relacionada con la complejidad del paisaje, de manera que de simplificarla, estas poblaciones se verían gravemente afectadas, disminuyendo el ratio de parasitismo o depredación de las plagas fitófagas. El control biológico tiende a perdurar, aunque con fluctuaciones características de las interacciones existentes entre parasitoides y hospedadores, y los efectos de las variaciones físicas del medio ambiente. Las eficacias del control biológico son lentas, en comparación con la acción rápida de los insecticidas. La acción del control biológico se puede realizar en grandes zonas, en concordancia con las condiciones climáticas y biológicas predominantes.

Fauna auxiliar

La fauna auxiliar puede enmarcarse en dos grupos, dependiendo del tipo de acción, que son depredadores y parásitos. Los depredadores son aquellos que se alimentan de otros a lo largo de toda su vida, de manera que continuamente están buscando alimento activamente. Si la alimentación se basa en varias especies presa, se conocen con el nombre de polífagos, mientras que los olífagos son aquellos depredadores que están altamente especializados. Por el contrario, los parásitos son insectos que, en estado larvario, parasitan a otros artrópodos, utilizándose para desarrollarse dentro o sobre ellos.

Un correcto manejo del hábitat, que puede abordarse a nivel de parcela, de explotación o de paisaje, es un método clave para la optimización de la disponibilidad de los recursos que precisan los enemigos naturales de las plantas, es decir, puede considerarse también como una forma de control  biológico, aunque algo más indirecta. En los últimos años se han publicado gran cantidad de estudios en los que se habla sobre el papel de los distintos componentes del sistema agrícola, como por ejemplo las cubiertas vegetales. Las cubiertas vegetales no relacionadas solamente con la erosión del suelo y los aportes de materia orgánica, sino referidas también a la repercusión sobre la compactación del suelo, la infiltración, la capacidad de retención del agua, todos ellos factores relacionados con la salud de la planta.

La evaluación de los artrópodos puede hacerse mediante diferentes técnicas de muestreo, cada una de las cuales suele estar  asociada a un grupo taxonómico, aunque algunos pueden ser evaluados a través de diferentes métodos. Entre estas técnicas se encuentran el aspirador entomológico (cultivos hortícolas, arroz y frutales), el golpeo (peral y manzano), la trampa Maise y trampas adhesivas o trampas cromáticas (manzano y viña), trampas de intercepción y manga entomológica.

Artrópodos

Los artrópodos son el filo más diverso de los metazoos (animales pluricelulares), puesto que posee más  de un millón de especies descritas, entre los que se incluyen arañas, insectos, crustáceos y miriápodos. Sus características fundamentales son un cuerpo segmentado y un esqueleto externo (exoesqueleto) articulado, que está compuesto de quitina y posee apéndices con musculatura propia en posición ventrolateral, pareados en cada uno de los segmentos. Puesto que el exoesqueleto es rígido, no permite  cambios de crecimiento, por lo que son necesarias una serie de mudas, en las que se desecha el esqueleto que se ha quedado pequeño, para posteriormente formarse uno nuevo, adecuado al nuevo tamaño del individuo en crecimiento. El tamaño de los artrópodos es muy variado, ya que puede ir desde un milímetro o menos a más de un metro en determinadas formas marinas e incluso varios metros si se incluyen también las formas fósiles. Aunque poseen una gran diversidad morfológica comparten una serie de características comunes que son sistemas circulatorios abiertos, un líquido análogo a la sangre (hemolinfa) que baña los órganos internos. El sistema nervioso, dependiendo de los grupos, está más o menos centralizados. Por norma general, poseen también un par de ganglios en cada segmento del cuerpo y en la cabeza puede formarse un ganglio de mayor tamaño, que funciona de forma semejante a un cerebro. En la mayor parte de las especies de artrópodos los individuos tienen un único sexo a lo largo de toda su vida. La fecundación puede ser externa o interna.

Los artrópodos  actuales se dividen en dos grandes grupos, los quelicerados (Chelicerata) y los mandibulados (Mandibulata). Dentro de los quelicerados destacan los arácnidos, de importancia en el control biológico. Los mandibulados incluyen a miriápodos, crustáceos y hexápodos, que como su propio nombre indica, se caracterizan por la presencia de mandíbulas. Los hexápodos incluyen los insectos propiamente dichos (o ectognatos) y tres grupos sin alas relativamente poco diversificados, aunque muy abundantes en la fauna del suelo y el humus.

Dentro de los insectos, en relación con los ecosistemas agrícolas, destacan los órdenes:

  • Hymenoptera (abejas, avispas, hormigas): orden de aspecto homogéneo, que contrasta con una variedad considerable respecto a los modelos comportamentales. En la cápsula cefálica se diferencian ojos compuestos, bien desarrollados y aparato bucal masticador, adaptado en determinados casos a lamer y succionar. Las alas son membranosas, con una clara tendencia a la reducción de la venación. El primer par es siempre mayor que el segundo. 
  • Thysanoptera (trips): insectos de muy pequeño tamaño, aproximadamente entre 0,3 y 14 mm. Tienen el cuerpo alargado, cilíndrico y color variable. Los adultos pueden tener alas o ser ápteros. Las alas, cuando las tienen son alargadas, estrechas con largas sedas o cilios en los bordes, que cuando vuelan aumentan su superficie. La cabeza muestra una asimetría muy definida, puesto que únicamente la mandíbula izquierda está desarrollada y acaba en un cono. El aparato bucal es de tipo picador suctor.
  • Hemiptera (chinches, pulgones, cigarras): insectos con aparato bucal adaptado para pinchar o chupar. El labio forma un estuche abierto en el cual se encajan las piezas bucales, modificadas en estilete. Puede hacerse una división entre Heteroptera, que tienen alas anteriores coriáceas en su mitad anterior y membranosas en la posterior, planas sobre el abdomen y Homoptera, que presenta alas uniformes dispuestas en tejado.
  • Diptera (moscas, mosquitos, típulas): insectos que poseen solamente un par de alas, ya que el segundo par está transformado en halterios o balancines con aspecto de maza, que usan para mantener la estabilidad mientras vuelan, es decir, que no interfieren como tal en la acción activa de volar. Tienen piezas bucales chupadores o picadoras, formando con el labio una trompa que a su vez está compuesta por dos lóbulos carnosos. Destacan los syrfidos, conocidos también como mosca cernícalo, debido a su característico vuelo estático, semejante al de las aves, para después moverse rápidamente. Los adultos visitan las flores en búsqueda de néctar y melaza de pulgones para su alimentación y de colonias de pulgones donde depositar los huevos. Las larvas son las que comienzan a depredar la colonia. Los cecidómydos son moscas de muy pequeño tamaño, que en estado adulto son muy difíciles de distinguir, a diferencia de las larvas, que pueden identificarse gracias a su coloración. 
  • Neuroptera (hormigas león, neurópteros): insectos holometábolos con cuerpo blando y cuatro pares de alas membranosas, que por norma general están bien desarrolladas. Las antenas son largas y filiformes, conformadas a su vez por muchos artejos o segmentos. Poseen grandes ojos compuestos. Las patas son largas, normalmente locomotoras, aunque las patas anteriores en los mantíspidos son prensoras y recuerdan a las de las mantis. Las crisopas constituyen un grupo de gran importancia en la lucha contra los pulgones en cultivos hortícolas y frutales. Es un grupo muy diverso que coloniza toda clase de lugares.
  • Coleoptera: insectos de morfología bastante  homogénea con fuerte esclerotización corporal, protórax grande, y primer par de alas modificadas en élitros esclerotizaos. Es el grupo más diverso de animales. En este grupo se encuentran los coccinélidos, conocidos por su característico colorido. Son muy abundantes durante los meses más cálidos del año. Tanto las larvas como los adultos son depredan sobre las plagas con voracidad, aunque son muy diferentes. 
  • Dermaptera (tijeretas): insectos alargados con el abdomen terminado en cercos en forma de pinza o tijera. Las alas anteriores recubren a las posteriores y dejan el abdomen al desnudo. Se trata de un grupo fácilmente reconocible por la forma de los cercos que poseen al final del abdomen. Se trata de un grupo carroñero, aunque algunos son depredadores. 

Bandas florales

Se conoce con el nombre de bandas florales a las plantas complementarias a los cultivos, que se disponen con el fin de lograr un aumento de la fauna auxiliar, previamente descrita, que ayude en la lucha contra las plagas desde su inicio, al ser capaces de localizar los primeros focos. 

A la hora de realizar un diseño de este tipo de bandas deben tenerse en cuenta una serie de factores, que produzcan una gran cantidad de flores, que ayuden a incrementar las poblaciones de insectos polinizadores, cuya acción resultará también beneficiosa para el cultivo, no solo en relación a las plagas; que las flores tengan polen; que tengan la capacidad de engañar a las plagas, centrando su atención en las bandas, llenas de depredadores, desviándola, por tanto, de los cultivos; que sirvan de nido para las puestas.

Las bandas se colocan, normalmente, en los bordes de la parcela, aunque en ocasiones se disponen también entre el cultivo, aprovechando las zonas que no se cultivan. Una vez que se han plantado, no precisan ningún tipo de mantenimiento, lo cual es fundamental, puesto que de ser necesarias ciertas labores se correría el riesgo de afectar a las poblaciones de fauna auxiliar.

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